Archipiélago de San Blas: Tesoro escondido

29 de Noviembre de 2019 12:16pm
José Carlos de Santiago
san blas

Los habitantes de este archipiélago son de estatura pequeña, cortos de cuello y cabeza grande, con piernas cortas y pies pequeños.

Las costumbres que rigen en este poblado son totalmente distintas con respecto al resto del archipiélago, ya que cada una de las islas tiene sus propias normas, por lo que sus habitantes son extranjeros cuando salen de ellas.

Aquí encontramos una sorprendente combinación entre las costumbres más ancestrales y las más modernas, como es el caso de que los habitantes Kunas te cobren un dólar por cada foto que les tomas y diez si quieres hacer fotos de la calle principal del poblado.

Practican la monogamia y el adulterio es un delito. Su jefe es el Sáhila, que tiene autoridad en la comunidad donde vive. Por su parte, el Nele es el jefe de varias comunidades. Las casas están realizadas todas con cañas, duermen en hamacas, y en sus interiores hay una curiosa combinación de objetos, ropas y componentes de la familia que comparte la misma estancia. Viven de la agricultura, básicamente del coco, el maíz, el cacao y la yuca, y ahora también del turismo. En cada hogar Kunas las mujeres elaboran «molas», telas bordadas con alegres colores que después se utilizan para confeccionar ropa, cojines, cuadros y otros elementos. También componen «winis», pulseras que tejen alrededor de las muñecas y de los tobillos, blusas bordadas, caretas y collares, que exhiben en cada puerta.

Son características también las joyas que lucen, pendientes de complicados diseños que los joyeros hacen especialmente para cada persona, y adornos que se ponen en la nariz, tradicionalmente de oro, aunque ahora se han comenzado a hacer en bisutería.

La vida transcurre apaciblemente en el pueblo, bajo un sol ardiente propio del Caribe, mientras los niños se bañan alegres en las aguas que rodean el lugar, después de asistir a la escuela, y bromean con los visitantes, a los que se ofrecen para ser fotografiados. Parece que la civilización ha entrado en los Kunas solo hasta el punto de no perturbar su modo de entender la vida y vivirla cada día.

Kwadule es una isla nueva, de unos 8 000 m2, que surgió espontáneamente. Sus propietarios, siguiendo las normas que rigen en el área, fueron las dos primeras personas que descubrieron su nacimiento y plantaron las primeras palmas de coco. Pertenecientes a la etnia Kunas, sus habitantes, siguiendo con la tradición heredada de sus antepasados, consiguieron la fecundación de la vegetación de la isla a base de mezclar la tierra de otras islas, ya que ellos creen que los granos de tierra son machos y hembras que unidos se vuelven fértiles.

Es difícil describir qué se siente cuando te vas acercando a Kwadule; todas las fantasías de ser Robinson Crusoe o un náufrago en la mil veces soñada isla desierta, se vuelven realidad.

La vida de la zona gira en torno a dos pueblos que, aunque unidos por un puente, viven también en vidas independientes según sus propias normas. Yandup es el nombre indígena de Corazón de Jesús, lugar donde llegan los aviones para trasladarse a Kwadule. El guía nos introduce en estos pueblos que nos reciben con increíbles contrastes, la primera vista es de casas desordenadas, con colores y calles sin asfaltar, pero según avanzamos aparece el puente que les une con Narganá y por él, en una imagen irrepetible, un grupo de colegiales, uniformados en azul; tras ellos unas mujeres Kunas con trajes típicos y sus joyas, convivencia perfecta entre lo tradicional y el progreso.

El sueño toca a su fin, aunque siempre nos quedará la felicidad de haber conocido algo único y perfecto, como solo un Paraíso puede ser.

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