El golfo de Chiriquí, un secreto muy bien guardado en Panamá

19 de Octubre de 2018 7:19pm
periodista
Golfo de Chiriquí

Ubicado en el extremo noroccidental del Pacífico panameño, próximo a la frontera con Costa Rica, el golfo de Chiriquí es uno de los secretos mejor guardados de Panamá.

El golfo cuenta con decenas de islas de origen volcánico y playas recónditas de arena blanca, frondosos manglares y una barrera de arrecifes considerada una de las mejor conservadas de Centroamérica, Acoge el Parque Nacional Marino, un área de más de 150 kilómetros cuadrados que incluye las islas Paridas: dos docenas de islas boscosas y numerosos islotes y farallones donde anidan miles de tortugas marinas de diversas especies desde comienzos de julio, y desde donde se pueden avistarse decenas de ballenas jorobadas en su temporada de cría, entre agosto y diciembre.

La fauna marina de esta zona se completa con especies como los gigantescos pargos de 22 kilos de peso, y también delfines, mantarrayas, tiburones martillo y todas las especies que se refugian en el coral, entre ellas los vistosos peces loro y el pez trompeta, fácilmente visibles en unas aguas que pasan del azul turquesa al celeste en una gama de matices continua.

Las aguas claras y generalmente calmas convierten las islas en un lugar excelente para la práctica del esnórquel.

Además de las islas Parida, también están las islas Secas, una docena de pequeñas extensiones de propiedad privada, pero a cuyas playas, de titularidad pública, se puede acceder por mar, en cualquiera de las embarcaciones que ofrecen recorridos turísticos desde los establecimientos hoteleros costeros.

Estas islas alternan bosques, playas solitarias y manglares que crean pasillos marinos por los que se desenvuelven  mapaches, ardillas y monos aulladores, y de cara blanca, entre otras especies de mamíferos.

Considerados el origen de la vida, en ellos conviven entrelazados 4 de las 11 especies de mangle que pueden encontrarse en el país, denominados en la jerga local caballero, gateador, mariquita y salado.

Estos terrenos prácticamente deshabitados establecen un entrono perfecto para disfrutar de la vida nocturna observando un cielo totalmente despejado.

 

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